La conducta agonística se refiere a la agresión, el apaciguamiento y la conducta de evitación que se produce entre los miembros de la misma especie. Este término es mucho más amplio que el de agresión, que se refiere a los patrones de comportamiento que sirven para intimidar o dañar a otro.

El comportamiento de la conducta agonística implica varias acciones o patrones motores, como persecución, nose-off, sidling, boxeo, mordiscos y patadas, así como vocalizaciones audibles y ultrasónicas.

Los comportamientos agonísticos tienen secuencias que varían en duración e intensidad.

Acicalamiento agresivo.

El acicalamiento agresivo del cuello es una forma de baja intensidad de la conducta agonística. Este acicalamiento consiste en unos pequeños y rápidos mordiscos en los que el acosador coge los pliegues de la piel del cuello del acosado con los dientes. La rata que está siendo acicalada se queda inmóvil y puede gritar bajito. Cualquier movimiento de la rata acicalada puede desencadenar un mordisco o patada de la rata acicaladora.

Persecución, nose-off, sidling, boxeo, mordiscos y patadas y lucha.

Otra interacción agonística de baja intensidad es la persecución. Muchas conductas agonísticas consisten en la persecución de una rata durante unos segundos. El perseguido huye, se esconde o el perseguidor acaba desistiendo. Si el perseguidor alcanza al perseguido, puede pellizcarle o morderle el trasero y algunas veces puede montarlo.

Si el perseguido se mantiene firme en vez de huir, puede haber un encuentro con el perseguidor. El perseguido se quedará de cara al perseguidor. Para defenderse, las ratas pueden mostrar sus dientes, silbar y chillar. A veces las colas pueden moverse y erizar el pelo. Frecuentemente el encuentro no va a más y una de las ratas (normalmente la perseguida) huye.

Si ninguna de las dos ratas huye, el encuentro puede convertirse en algo más, llegando al contacto físico. Las ratas pueden boxear o hacer sidling, pudiendo empujarse y patearse con las patas traseras. La rata subordinada, especialmente si es joven o las ratas están en una jaula, se volverá panza arriba y el encuentro acabará.

En raras ocasiones el contacto físico puede aumentar y convertirse en una lucha en la que las dos ratas ruedan en una “bola” en la que la rata atacante muerde los flancos o la grupa de la otra rata. Estas peleas son, por lo general, breves (unos segundos) y acaban con una de las ratas huyendo, escondiéndose y permaneciendo tranquilas por un tiempo.

Comportamiento ofensivo y defensivo.

El comportamiento ofensivo es habitualmente utilizado por las ratas dominantes con sus subordinados e incluye: persecuciones, sidling, patadas, empujones y mordiscos. Tratan de acceder a la grupa o los flancos con estos comportamientos.

El comportamiento defensivo se utiliza para proteger la grupa e incluye: huir, esconderse, nose-off, boxeo, ponerse panza arriba y morder al atacante.

Las ratas subordinadas tienden a emplear una de las dos estrategias subordinadas para relacionarse con la rata dominante (o alfa): evitando a la rata dominante o permaneciendo cerca de ella. Los “evasores” son llamados subordinados omega y los “cercanos” subordinados beta.

Los evasores omega son más severamente golpeados por la rata dominante cuando se encuentran (pudiendo llegar estos encuentros a la muerte de la rata omega); sin embargo, en algunos casos, si la rata dominante se saca del grupo, el subordinado omega puede convertirse en dominante con más facilidad que los subordinados beta.

En contraste con los omegas, los betas son totalmente sumisos hacia la rata dominante que, a su vez, tolera más su presencia.

Dominancia en ratas jóvenes.

Las ratas jóvenes parecen ser inmunes a los ataques de los adultos. Esto es debido a sus bajos niveles de testosterona, su pequeño tamaño y su conducta juvenil. Cuando se hacen mayores, aumentan de tamaño y en la orina se reflejan los cambios hormonales asociados a la pubertad, desencadenando estas características los ataques de los adultos.

Las ratas jóvenes juegan a pelear, pero su lucha-juego no predice la posición que ocuparán en la jerarquía cuando sean adultos. Los jóvenes no utilizan el sidling, la persecución o los mordiscos y no resultan heridos. Los ganadores y perdedores con frecuencia se invierten. Cuando se acercan a la madurez social (5-6 meses) aparece el comportamiento agresivo, formándose la jerarquía a través de las luchas